ADDENDA 4. CARACTERÍSTICAS DE LA PERSONA EMOCIONALMENTE INTELIGENTE

25 07 2011

DESCRIPCIÓN Y DESARROLLO DE LAS CARACTERÍSTICAS DE LA PERSONA EMOCIONALMENTE INTELIGENTE

Lista reproducción [Pensamiento divergente]

Como hemos quedado el pasado miércoles, hoy toca el tema “CARACTERÍSTICAS DE LA PERSONA EMOCIONALMENTE INTELIGENTE” al tiempo que alcanzamos las 675 lecturas (hits), mientras dejamos para el próximo miércoles el tema de la “Relación entre Emoción y Motivación” (ADDENDA 5). Por tanto, a continuación se nombran y describen características, que tienen o pueden desarrollar las personas emocionalmente inteligente (citadas en “La Educación de la Inteligencia Emocional” Ibarrolla, B, [s.f]).

1. Actitud positiva: resalta los aspectos positivos por encima de los negativos; valora más los aciertos que los errores, más las cualidades que los defectos, más lo conseguido que las insuficiencias, más el esfuerzo que los resultados, busca el equilibrio entre la tolerancia y la exigencia.

2. Reconoce los propios sentimientos y emociones.

3. Se siente capaz de expresar sentimientos y emociones: tanto las consideradas positivas, como las consideradas negativas necesitan ser canalizadas a través de algún medio de expresión la persona o ente sabe reconocer el canal más apropiado y el momento oportuno.

4. Es capaz de controlar sentimientos y emociones: sabe encontrar el equilibrio entre expresión y control. Sabe esperar, tolera la frustración y es capaz de demorar gratificaciones.

5. Es empática: se mete con facilidad en la piel del otro, capta sus emociones aunque no las exprese en palabras sino a través de la comunicación no-verbal.

6. Es capaz de tomar decisiones adecuadas: el proceso de toma de decisiones integra lo racional y lo emocional. La emoción impide a veces la decisión. Es importante darse cuenta de los factores emocionales presentes en cada decisión de cara a que estas sean apropiadas.

7. Tiene motivación ilusión e interés: todo lo contrario a la pasividad, al aburrimiento o la desidia. La persona es capaz de motivarse ilusionarse por llegar a metas e interesarse por las personas y las cosas que le rodean.

8. Autoestima adecuada: sentimientos positivos hacia sí misma y confianza en sus capacidades para hacer frente a los retos que se encuentre en la vida.

9. Sabe dar y recibir.

10. Tiene valores que dan sentido a su vida.

11. Es capaz de superar las dificultades y frustraciones aunque hayan sido muy negativas.

12. Es capaz de integrar polaridades: lo cognitivo y lo emocional, el hemisferio derecho y el izquierdo, soledad y compañía, tolerancia y exigencia, derechos y deberes.

Por lo que se pueden estructurar, así:

Características básicas y propias de la persona emocionalmente inteligente:

  • Poseer suficiente grado de autoestima
  • Ser personas positivas
  • Saber dar y recibir
  • Empatía (entender los sentimientos de los otros)
  • Reconocer los propios sentimientos
  • Ser capaz de expresar los sentimientos positivos como los negativos
  • Ser capaz también de controlar estos sentimientos
  • Motivación, ilusión, interés
  • Tener valores alternativos
  • Superación de las dificultades y de las frustraciones
  • Encontrar equilibrio entre exigencia y tolerancia.

Por lo que cabe desarrollarlas:

1. Actitud Positiva: Las personas con actitud positiva hacen hincapié más en los aspectos positivos que en los negativos, más cualidades que defectos, más los pequeños éxitos que los fracasos, y todo ello sin dejar de ser conscientes de las propias limitaciones y las de los demás. De nada ayuda tener metas sin la confianza de que podemos lograrlas. Una persona negativa siempre encontrará razones para no tener éxito. Por lo que es importante tener valores alternativos. Hay que recordar que los animales también tienen inteligencia emocional. Los delfines tienen incluso inteligencia cognoscitiva. Son los valores lo que separa a los hombres de los animales. Y, por supuesto, no hay éxito sin perseverancia, esto es, la superación de las dificultades y de las frustraciones. “Las carreras se ganan con tesón”, dice la moraleja de la conocida fábula de Esopo sobre la liebre y la tortuga. Y fundamentalmente, encontrar el equilibrio entre exigencia y tolerancia, lo que significa resaltar los aspectos positivos por encima de los negativos; valoran más los aciertos que los errores, más las cualidades que los defectos, más lo conseguido que las insuficiencias, más el esfuerzo que los resultados.

2. Reconocer las propias emociones y sentimientos: El conocerse a uno mismo, no es un proceso fácil ni corto, aún así reconocimiento de las propias emociones, sentimientos, es esencial para el desarrollo de la inteligencia emocional. Recordemos que saber en todo momento cual es exactamente nuestro sentir es la base de la inteligencia emocional. Reconociendo estas emociones podemos guiar nuestros movimientos.

3. Capacidad para expresar sentimientos y emociones: Tanto los positivos como los negativos, para ser canalizadas a través de algún medio de expresión. La persona emocionalmente inteligente sabe reconocer el canal más apropiado y el momento oportuno. Esto es fundamental. De nada sirve saber lo que sentimos, si no logramos controlarlos. Si no das rienda suelta a tus emociones nadie sabrá cuáles son tus ilusiones. Ya que los sentimientos expresados, suelen ser sentimientos curados. Aún así la persona emocionalmente inteligente es capaz de reconocer y emplear la mejor manera de expresar sus emociones y el momento oportuno para ello.

4. Capacidad para controlar sentimientos y emociones: Aristóteles dijo: «Enfadarse es fácil, todo el mundo puede hacerlo; enfadarse con la persona adecuada, por el motivo oportuno, con la intensidad correcta, eso, amigo mío, ya no es tan fácil». Hay veces que hay que saber demorar la expresión de las emociones para su mejor control. Lo que se traduce en saber encontrar el equilibrio entre expresión y control, saber esperar, tolerar la frustración y ser capaz de demorar las gratificaciones.

5. Empatía: El tópico “ponerse en el lugar del otro”, o conectar con las emociones de los otros, significa que la persona empática, es capaz de identificar y comprender las emociones de los demás ya sean expresadas tanto por el lenguaje verbal como con el no verbal (mirada, tono de voz, gestos faciales,…). La empatía es comprender los sentimientos de los otros, meterse con facilidad en la piel del otro, captar sus emociones. La inteligencia emocional involucra el manejo de sentimientos, propios y ajenos, para saber manejar las situaciones. Si no aplicamos la empatía, no podemos reconocer las emociones de las otras personas.

6. Ser capaz de tomar decisiones adecuadas: El proceso de toma de decisiones integra lo racional y lo emocional. La emoción impide a veces la decisión. Es importante darse cuenta de los factores emocionales presentes en cada decisión de cara a que estas sean apropiadas. Para tomar una decisión adecuada es necesario integrar lo racional y lo emocional. Ya que bien la emoción por un lado puede turbar nuestra capacidad de decisión, y bien la razón por otro, puede ocultar lo que el mensaje emocional pueda estar transmitiendo.

7. Motivación, ilusión, interés: Estos tres elementos son los que nos ayudarán a establecernos metas y objetivos que cumplir. Todo lo contrario a la pasividad, al aburrimiento o la desidia. La persona es capaz de motivarse ilusionarse por llegar a metas e interesarse por las personas y cosas que le rodean. Motivación y emoción, como diversos expertos han investigado están estrechamente relacionados, ya que suscitar ilusión o interés por algo o alguien es un factor de motivación que ayuda a sentirse bien, a desarrollar emociones positivas. La persona emocionalmente inteligente, es capaz de motivarse, ilusionarse, interesarse,… en lo que le rodea.

8. Autoestima: Poseer suficiente grado de autoestima, o sea, aquellos sentimientos positivos hacia si misma y confianza en sus capacidades para hacer frente a los retos que se encuentre en la vida. De hecho, el amor propio nos lleva a superarnos, nos da seguridad, nos hace sentirnos valiosos y dignos de triunfo y éxito. La persona emocionalmente inteligente, conoce sus puntos fuertes y débiles, posee sentimientos positivos hacia sí mismo y tiene confianza en sus propias capacidades.

9. Saber dar y recibir: Dar y recibir es una forma de aprender, por eso hay que ser generosos para dar (sonrisas, miradas, caricias,…), pero también para recibir. Es importantísimo saber que también hay que dar. Evitar el egoísmo ayuda en la solución de conflictos. Para más información podemos leer “la regla de oro”.

10. Ser capaz de superar dificultades y frustraciones: Tener un grado alto de resiliencia, también llamada resistencia, definida como la capacidad de superarse aunque se hayan vivido experiencias altamente negativas. Ser capaz de integrar polaridades: lo  cognitivo y lo emocional, el hemisferio derecho y el izquierdo, soledad y compañía, tolerancia y exigencia, derechos y deberes.

En suma, ser persona emocionalmente inteligente implica reconocer que los seres humanos desarrollamos más unas cualidades que otras y que somos compatibles en la medida que lo deseemos. El desarrollo de las funciones de cada hemisferio propicia capacidades diferentes y las emociones humanas forman parte de un mundo afectivo y tienen una función fundamental: las emociones tienen una función adaptativa de nuestro organismo a lo que nos rodea e involucran cogniciones, actitudes y creencias que usamos para valorar una situación concreta, influyendo en el modo en que se percibe una situación. Y dado que la emoción es un estado afectivo que experimentamos, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos, fisiológicos, endocrinos y electroestáticos, de origen innato, influidos por la experiencia, puede decirse que la emociones se refieren a un estado que sobreviene súbita y bruscamente, en forma de crisis más o menos violentas y más o menos pasajeras. No olvidemos que la amígdala, que se encuentra en la arte media del cerebro, guarda el recuerdo de las emociones y nos ayuda a reaccionar aún antes que pensemos, ordenando a ciertas glándulas que generen hormonas que nos permiten distinguir entre peligros reales y simbólicos; esto es, la amígdala se apodera de todo el cerebro racional y no permite racionalizar la situación real: ejemplo de ataque amigdalar es una democión muy profunda, que produce una reacción fisiológica, un detonador o disparador, una reacción automática inapropiada y excesiva asociada a una sensación de arrepentimiento posterior.

En definitiva, una persona emocionalmente inteligente tiene dos competencias: una competencia personal, que incluye la motivación (de logro, de compromiso, iniciativa, optimismo), la autoconciencia (conciencia emocional, valoración adecuada de uno mismo, confianza de uno mismo) y la autorregulación (autocontrol, confiabilidad, integridad, adaptabilidad, innovación); y una conciencia social, que incluye la empatía (comprensión de los demás, orientación hacia el servicio, aprovechamiento de la diversidad, conciencia política) y las habilidades sociales (influencia, comunicación, liderazgo, catalización del cambio –reconocer la necesidad de cambiar y eliminar barreras, desafiar el status quo y reconocer la necesidad del cambio, promover el cambio y conseguir que otros hagan lo mismo, participar en la modelación del cambio de los demás-, resolución de conflictos, colaboración y cooperación –equilibrar el centrarse en la tarea con la atención a las relaciones, colaborar y compartir planes, información y recursos, promover un clima de amistad y cooperación, buscar y alentar las oportunidades de colaboración, habilidades de equipo –alentar cualidades grupales como la responsabilidad, la capacidad y la voluntad, despertar la participación y el entusiasmo, consolidar la identidad grupal, el espirit de corps y el compromiso, cuidar al grupo y su reputación y compartir los méritos-, establecer vínculos –cultivar y mantener amplias redes informales, crear relaciones mutuamente provechosas, establecer y mantener el rapport, crear y consolidar la amistad personal con las personas de su entorno). En fin, si sabemos utilizar adecuadamente el ser una persona emocionalmente inteligente, estaremos en condición de alcanzar las metas que nos proponemos. Se trata, simplemente, de ser una persona capaz de mantener el control y la calma ante situaciones y personas emocionalmente fuera de control, así como controlarse a sí misma. Una persona emocionalmente inteligente ejerce un alto nivel de influencia, transmitiendo confianza, entusiasmo, seguridad y respeto, al tiempo que su palabra seduce, es congruente con lo que dice y con lo que hace y su forma de pensar es positiva y está orientada a la solidaridad. Por lo demás, una persona emocionalmente inteligente cuida mucho el modo y la forma de comunicarse, escuchando activamente, dejando hablar y teniendo en mente siempre la opinión de los demás; son personas empáticas y son capaces de poner límites ante situaciones o conductas inadecuadas, de forma constructiva y sin dañar la autoestima de las personas; y toman decisiones teniendo en cuenta el contenido racional y el componente emocional que acompañan a todas las decisiones.

¡Muchísimas gracias a todos ya todas por vuestra inestimable atención!

¡Desde el respeto hacia el respeto, un cordialísimo saludo para todos y para todas!

RICARDO MARÍN TÄLERO

ENTRENADOR DE INTELIGENCIA EMOCIONAL

Barcelona, lunes 25 de julio de 2011 – 02:11:23 horas.

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2 respuestas

1 08 2011
DÍA 0. Introducción. Emociones Inteligentes « EL ÁNFORA DE FELICIDAD

[...] “Emociones Inteligentes” [Lista reproducción]. [...]

21 05 2012
Alicia Zarauz

Excelente !!! gracias por su tiempo y claridad en el tema.

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