DÍA 5. ASUMIENDO EMOCIONES

30 05 2011

REEMPLAZANDO CHIPS

El primer paso para gestionar las emociones, es asumirlas. Tal y cual son. Sin embutes. Para asumir las emociones, nada mejor que el análisis introspectivo. Con esta herramienta nos adentramos a nuestro propio mundo: el nuestro, el interno.

El propio hecho de asumir emociones, nos prepara para asumir el cambio. Como en todo período de cambios, se experimentan emociones nuevas algunas difíciles de gestionar. La emociones tienen tres niveles de expresión: uno, cognitivo; dos, psicofisiológico; y tres, conductual, que se expresan paralelamente. De hecho, en relación a los genes, la herencia biológica no es la que determina la inteligencia emocional; la almaraba de emociones es pura, en vivo y en directo, asumiendo que somos cazadores. De ahí, que el crecimiento personal, el manejo del estrés, las motivaciones y las emociones, son estrategias para elegir una actitud que te viene relacionada con la información de los cambios físicos, también faciales, emocionales y de asumir nuevos riesgos en un momento del aprendizaje sobre el entorno interior que permite asumir la responsabilidad total de nuestras vidas como paso indispensable para poder prestar atención a nuestras emociones.

¿Por qué es esencial prestar atención a nuestras emociones? Porque la reacción emocional y el comportamiento familiar asumido en los diversos años de estudio en que ha destacado la importancia, cada vez mayor, de asumir los sentimientos y las emociones dentro del ámbito en el proceso de afrontamiento con herramientas para asumir el control, donde las emociones pueden parecer una carga adicional, es el espejo entre la ilusión y la realidad.

El universo de realidades e ilusiones se entrelazan en un mundo que consideramos nuestro, hasta tal punto, que las ocasiones nos parecen claras en cuanto a nuestra familia, amigos y trabajo. Pero ello no son más que ejemplos de ocasiones que se suceden de generación en generación, donde la información puede ser verdad, en orden a nuestra postura ante el universo que nos rodea, sea este interno o externo. Todo ello representa para nuestro cerebro la estabilidad de la realidad.

Es el comenzar de una nueva relación, un nuevo reto que nos hace pensar más allá de nosotros mismos y de nuestros condicionamientos sociales, psicológicos y, si me apuran, espirituales, en una continuidad de nuestra menta abolida entre desconocimientos del entendimiento donde los lazos generacionales iniciales al descubrir nuestra presencia en el mundo, habitualmente es desconocimiento para lo que otros es conocido según su propia experiencia. Nuestro cuerpo asume la “location” de cada sensación que nos proporciona la nueva “plaza” que, por ejemplo, nos permite diferenciar, en un momento dado, lo bueno de lo malo. Aunque con el tiempo nos damos cuenta que lo bueno y lo malo son meramente paradigmas que se pueden cambiar a nuestro antojo y según nuestras experiencias que deseemos incorporar a la habitualidad de nuestras vidas. La experiencia es la emoción.

De otro modo, las demás experiencias se interpretan según el sentimiento (feel) o “feeling” que tengamos con nuestro medio, donde podemos o no sincronizar con nuestros semejantes. Y quizá sea esto lo más difícil, pues esta interrelación no es siempre satisfactoria, pues todo depende del deseo que tengamos por la vida, por nuestras emociones, por la aparición de nuevos, largos y nuevos acontecimientos que nos permiten experimentar nuevas emociones, como el amor, el deseo o el encuentro sexual. De hecho, las emociones son racionales, del mismo modo que la razón es emocional.

Por ejemplo, conocemos nuestro presente por las nuevas experiencias que el mismo nos aporta. Estas experiencias no pertenecen al pasado ni al futuro, sino que entendemos al universo en razón a su contacto con nuestras experiencias actuales. Y una vez catalagogada, asumida o etiquetada cada emoción que nos embarga en un determinado momento, corresponde entonces darnos cuenta que la realidad no es tal, pues el presente ya no es, puesto que pertenece al pasado cuando digo “presente”.

ANÁLISIS INTROSPECTIVO

Otro punto esencial para el autoconocimiento es el análisis introspectivo, donde todos somos uno, donde creemos estar a salvo de nosotros mismos.

Quiere decirse, que cuando hablamos de nosotros mismos estamos distrayendo la atención hacia nuestro interior acerca de lo que hemos vivido en el pasado paso a paso, cronológicamente. Este “fairplay” sugiere un entretenimiento útil para el intelecto, nada más. Más para el observador representa un misterio inocente que permite pensar las posibles salidas al riesgo inminente que se presenta, haciendo indicaciones, manifestando emociones serias, plantemientos necesarios del problema, ejercicios de energía hasta el último momento. La clave de este antagonismo no es más que el espejo del alma, necesario para reconocer nuestros rasgos ocultos que nos dicen lo distraídos que hemos estado hasta el momento de expresarlos, viviendo desde entonces en ilusiones.

La situación es conversacional, de diálogo, en un devenir de ponderaciones en juego que se disuelven tal cual se plantean; de ahí su liberación o la posible liberación que representa para el sujeto que emite sus emociones y, al propio tiempo, tomar conciencia del control que asegure aquella complicidad como instrumento. Entonces, las reacciones se viven en otro plano, ya interpersonal, dejando de ser introspectivo, lo que tanto daño te ha hecho de antaño hasta los presentes años. Si esto pasa con las emociones, ¿qué puede ocurrir con nuestro espíritu?

Pienso en la continuidad de los hechos. De hecho, normalmente, a través de los siglos, el hombre ha encontrado soluciones a sus problemas. De una forma u otra, de forma singular, con sencillez y desvelando un misterio que le ha acuciado. Especialmente en áreas psicológicas que definen el comportamiento humano. Y sobrevienen pérdidas de memorias, básicas para la subsistencia, pérdidas de energía, conflictos en el amanecer de los tiempos.

Hoy, el problema es idéntico. Y se expresa en esa continuidad vital de la existencia que soporta todos los embites, por más fuertes que éstos parezcan. Y mientras tanto, nos distraemos, distraemos nuestras mentes de los conflictos, del contenido de los mismos. Y por ello no llegamos a concluir nada, sino que nos atormentamos consecuentemente con problemas que, simplemente, se hubiesen resuelto con el diálogo.

Estos acontecimientos producen la vida, el contacto, la “relationship” condicionada a la verdad resultante del análisis introspectivo al que sometemos nuestras almas que descubren emociones. Infortunadamente, la paz a nuestras almas, a nuestras vidas, no llega mediante el análisis introspectivo, aunque éste sea una disciplina que nos permite descubrirmos a nosotros mismos al margen de la gente, nos permiten un autoconocimiento. El análisis del cuerpo, no obstante, ese análisis introspectivo, esa investigación de conceptos, nos construye puentes hacia la realidad. Más el verdadero contenido de la realidad no está solamente en nosotros mismos.

¿Por qué? Súbitamente, cuando separamos lo interno de lo externo mediante un análisis introspectivo, nos crea confusión la toma de conciencia. Entonces, curiosamente, el proveernos de la comunicación y expresar nuestras emociones, dicho análisis instrospectivo representa una desilusión ante el auditorio que representa a su vez otras mentes humanas que, de hecho, separan objetivamente conceptos y manifiestan su verdad, recurriendo o no a su realidad. De ahí, que el conflicto se disuelve con el roce social ocasionando posibilidades de entendimiento, de realidades, de hechos, de pintar nuestras emociones mostrando nuestro cuadro emocional, lo cual, en su conjunto, representa la posición psicológica del sentimiento, tanto por el que expone las emociones como por el que recibe la información.

Sentimiento que representa, a su vez, una ruptura etérea, incorruptible, una oda a la psicología de conflictos, el retrotraer los efectos hasta la resolución satisfactoria objetiva de un problema. Toda resolución viene condicionada en si resulta o no satisfactoria para nuestros intereses vitales. Quiere decirse, que cualquier problema se resuelve mediante su planteamiento. Puede ser un concepto elitista, pero es conveniente separar los dos mundos, el interno del externo para la solución de nuestros problemas y de la vida en su conjunto.

Muchos pensamientos se han acercado a estos límites que producen el quiebre de nuestra vida, la inconciencia absoluta, la no continuidad vital y la vida sigue. Sigue, como un  renacimiento, como una idea, como una concepción del mundo nuevo. Físicamente, el mundo espera solucionar sus problemas sobre petróleo, alimentos y todo lo que físicamente afecte al género humano. Eso físicamente; pero las relaciones (relationship) permiten un “feeling” que nunca se evade del problema, sino que lo afronta.

Si contraemos los dos aspectos, los que viven los gobernantes que desean lo mejor para sus pueblos junto con el conocimiento del individuo acerca de su propia vida, fielmente nos damos cuenta de esa continuidad tú a tú, donde los problemas se afrontan día a día. En esta realidad, porque no se puede concebir de otro modo, seguramente asistimos a uno de los más hermosos acontecimientos del ser humano: su propia revolución.

Ha habido revoluciones transcendentales en la vida del género humano, pero la revolución del propio individuo que ahora se presenta lo vive solo, en grupo, en comunidad, colectivamente en grupo, creyendo lo mismo, sintiendo seguridad ante la resolución satisfactoria de problemas concretos y separados en el reestablecimiento. Este sentimiento de separación de cada individuo es fuerte, firme, completamente seguro. Cuando alguien explica sus emociones, los demás beben de la historia, la ilusión, el invento, la creatividad, creyendo en lo que escucha por sí mismo. Quiere decirse que cierras tu mente a la verdad, a tu propia verdad posible y no puedes visiblemente alcanzar tus metas; pues de otro modo la deseperación por la solución sólo ocasiona más tensión y más hambre de ansiedad convirtiéndose en un ciclo (buffer) en donde el pez se  muerde la cola constantemente.

La realidad de cada momento no es la realidad del momento, toda vez que familiarmente concebimos una realidad especial condicionada a hechos correctores de nuestra conciencia. Y eso, psicológicamente, nos permiten inconsistencias que hablan acerca de momentos perdidos en el tiempo que son posibles recuperarlos, pero ya no existen, ya no tienen vida propia. Seriosamente, la mañana de la civilización pasa por los misterios que nos presenta la vida al comer, al hablar, al tener interés hacia los demás. Otras ideas son posibles cuando contemplamos la realidad y la verdad de los otros, cuando nos damos cuenta que no pensamos solos, cuando nos asomamos a la ventana del mundo con curiosidad (Einstein), haciendo posible la generación del sentimiento (feeling) en la mejor mañana, la mejor verdad, la mayor seguridad, el mejor recuerdo, que nos hacen salir fuera hacia terrenos increíbles que proporciona la naturaleza, la cual calcula en rigor, su propio test cuántico de la materia, hacia una misma respuesta que recuerde a la humanidad que puede reinventarse a sí misma, sea cual sea la situación de la que parte física, emocional o espiritualmente.

Los problemas no dejan de ser sentimientos que afectan nuestras vidas o crean la remembranza de una vida anterior en el tiempo (nuestro pasado que no existe al momento presente), para dar paso a la felicidad. Y no parar. Y recordar cada momento de felicidad y llenar nuestra ánfora con cada acontecimiento feliz de nuestras existencias. Desgraciadamente, la felicidad no es eterna y seguramente se vaya con el que haya dado tanta alegría al mundo, pero esa felicidad no se pierde sino que renace en la verdad de cada existencia, haciendo posible que mañana nos asomemos a ese mundo nuevo que tanto desea la humanidad: la paz es posible, cuando hallamos la paz en nosotros mismos.

Sensatamente, el control de nuestra existencia está basada en recuerdos (recordemos el experimento con ratones que se volvieron locos por escindirles el cerebelo). Consecuentemente somos locos y nos comportamos como tales, toda vez que no mantenemos los recuerdos buenos de nuestra existencia. Nuestras vidas no pueden seguir por los mismos derroteros de maldades, violencias, amores robados, amores contraídos al momento, sino que el amor se puede prolongar en la humanidad de la misma forma que podemos conservar pensamientos positivos que crean y desarrrollan nuestra nueva vida en un nuevo concepto de verdad: todo está en tu mente.

¡Muchísimas gracias por tu atención!

¡Desde el respeto hacia el respeto, un cordialísimo saludo!

RICARDO MARÍN TÄLERO

COACH PROFESIONAL

Barcelona, 30 de mayo de 2011 – 17:55:59 horas.

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