ADDENDA 6. CÓMO MEJORAR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

4 08 2011

LA IMPORTANCIA DE TENER UN CORAZÓN INTELIGENTE. 10 CLAVES PARA DESARROLLAR TU INTELIGENCIA EMOCIONAL

Listas de reproducción

Lo que separa una persona exitosa de aquella que no lo es, es su inteligencia emocional“.

RICARDO MARÍN TÄLERO 

Trayendo a colación algunos pensadores sobre “Inteligencia Emocional” de la talla de Sócrates, Darwin, Thorndike, David Wechsler, Howard Gardner, Daniel Goleman entre otros, y si bien la inteligencia emocional juega un rol esencial en las interacciones sociales, cabe cuestionarse a estas alturas del programa que hoy toca a su fin y en vista del recorrido más o menos extenso, que sí intenso, que le hemos otorgado al mismo con la mayor de las disciplinas, en el sentido estricto del término, ya que se trata del órgano más impresionante y a la vez más desconocido de nuestro cuerpo humano, el cerebro, cabe cuestionarse, digo, si es posible o no mejorar la inteligencia emocional. Y si es posible, dada la elasticidad del cerebro con componentes neuronales que permiten que los neurotransmisores otorgen un equilibrio hormonal~eléctrico (iones) y que el cerebro se puede educar y reeducar, ¿hasta qué punto puedo mejorar mi inteligencia emocional? Y si es infinita su mejora, ¿cómo puedo mejorar mi inteligencia emocional? Tres puntos a considerar, creo, que nos acercan, una vez más a la revelación del misterioso mundo cerebral que, como órgano, es el único que puede investigarse a sí mismo.

1. ¿Es posible o no mejorar la inteligencia emocional?

Muchos libros de autoayuda y de superación personal propugnan un desarrollo sencillo de la inteligencia emocional. Pero no lo es tanto, teniendo en cuenta que la inteligencia emocional juega un rol primordial en las relaciones sociales que cada día tenemos con nuestros amigos, nuestra familia, nuestras relaciones laborales y profesionales…, que se mueven en un mundo complejo saturado de informaciones contrapuestas que nunca llevan un destino común. Hay que considerar, por tanto y como punto de partida, que nuestros cimientos cerebrales han sido puestos en la tábula rasa de Espinoza, de tal forma, que nos condicionan la vida creando así nuestro temperamento, nuestro carácter, nuestra conciencia…, al tiempo que depende, en relación directa y estrictamente, a las limitaciones aprendidas de calidad de vida y a nuestras relaciones interpersonales con nuestros padres y grupos de amigos del colegio desde edad muy temprana. Sinceramente, para entender la inteligencia emocional, primero tenemos que bautizarla, ceñirla a nuestro entendimiento y expresarla como aquella capacidad humana del sentimiento, del entendimiento, que nos lleva de la mano a modificar nuestras habilidades mentales que hemos ido desarrollando a través de los tiempos, y al propio tiempo, nos involucra a liderar nuestros estados emocionales. Esto es así, porque no se trata de reprimir nuestras emociones ni la de los demás; sino de compartir, dejándolas fluir, alimentándolas cual bebé al servicio de una óptima efectividad en la resolución de sus propios problemas para que, cuando sea adulto, sepa afrontar con inteligencia emocional, los variopintos caminos que la vida a diario nos presenta.

a. Autoevaluación

Para ello es necesaria la autoevaluación de nosotros mismos, a través de nosotros mismos pero también a través de los los demás, que nos sirvan de filtro en su conjunto para abrirnos al cambio de aprender, a nuestra buena predisposición para hacer bien las cosas, a autoestimarnos y estimar a los demás con complacencia, y en general y en definitiva, a adaptarnos a los cambios en el campo de nuestra especialidad: vivir. Nada de ello parece posible sin inteligencia emocional. Ahora bien, ahora que sabemos que existe la inteligencia emocional y tomamos conciencia de la misma, ¿es posible mejorarla? Coincidimos en el feed-back en la medida que nuestro entorno nos afecta a todos, tanto si el entorno es familiar, como social o laboral. Más, ¿tenemos una mente abierta para nuestro entorno? ¿Participamos y cooperamos? ¿Formamos parte de este gran equipo que es la humanidad? ¿Avanza la Humanidad en un mismo sentido y con una misa trayectoria? ¿Están todos nuestros pensamientos sincronizados y al unísono? Es variable nuestra sensiblidad.

Y hasta tal punto lo es, que los objetivos no son siempre los mismos ni para nosotros mismos. No nos encontramos satisfechos con nada. Y si alguna vez, logramos sentirnos satisfechos por algo, es temporal. No forma parte de nuestro hábito ser feliz siempre. Si es que “siempre” significa algo.

No nos mantenemos firmes en nuestras convicciones y damos prevalencia e importancia a nuestro reptiliano por encima del cerebro emocional y del neocortex. No nos acordamos que nuestros pensamientos pueden cohabitar con nuestras emociones en mutuo respeto ni moderamos nuestros movimientos viscerales. Actuamos con culpa haciendo trabajar la corteza prefrontal. Y sólo nos acordamos de la inteligencia emocional cuando tenemos que atrevesar los momentos difíciles de nuestras vidas y es cuando aceptamos nuestros sentimientos y los de los demás. Además de estas competencias, tampoco tenemos capacidad para generar y promover la armonía entre los pueblos del mundo tanto en el plano interno de las organizaciones como en las relaciones interpersonales de nuetros propios barrios.

Por eso es inminente y de acuciante actualidad, que vivamos un mundo donde sobren personas emocionales y trayectorias intelectuales técnicamente armónicos. No es necesaria, por tanto, la eterna dicotomía entre inteligencia y emoción. Debemos comprender nuestro control de la afectividad propia y ajena; y cuando hay defectos o déficits o fallas, comprenderlos, esto es, asimilarlos, para poder llegar a tener control sobre los mismos. No hay nada mejor y más productivo que el reconocimiento de nuestros propios errores. Porque con ello, concebimos la idea, el pensamiento creativo. Y nuestra imaginación se comporta como la eterna luz de la sabiduría.

Hemos de aprender a entrenarnos, a nuestro fitness mental, a nuestros sistemas atencionales y de memoria, a potenciar nuestros conocimientos, a introducir en nuestras vidas estrategias de afrontamiento en sistemas de adversidad o estrés, con pensamiento y conducta, con recursos personales de autogestión afectiva y de cuantifificación de nuestras emociones, con programas explicitos que nos enseñen a sacar el máximo provecho de nuestros recursos intelectuales y emocionales, trabajando en conjunto, participando en un abanico de técnicas del proceso psicoeducativo personalizado con su problemática puntual, precisa y específica, con la voluntad de la inteligencia emocional y, sin duda, sólo así podemos incorporar a nuestras vidas ese aliciente que tanto nos hace falta: la complicidad en un proyecto común que permita a la Humanidad andar por sí sola.

2. ¿Hasta qué punto puedo mejorar mi inteligencia emocional?

Ahora entendemos que la inteligencia emocional es la capacidad de sentir, percibir, comprender, controlar y modificar las emociones propias y ajenas. De hecho, hay cinco habilidades prácticas de inteligencia emocional: una, autoconciencia (percepción y conocimiento de las propias emociones); dos, autoregulación (control de las emociones y de los impulsos, manejo del estrés); tres, motivación (motivo, confianza, optimismo, entusiasmo, persistencia, resistencia); cuatro, empatía (comprensión de las emociones y las perspectivas ajenas); y cinco, habilidades sociales (destreza para las relaciones, liderazgo, trabajo en equipo). El talento, en mayor parte, es inteligencia emocional. Entonces, ¿cómo desarrollar la inteligencia emocional? ¿Hasta qué punto puedo mejorarla? ¿Cuáles son sus límites?

a. ¿Cómo desarrollar mi inteligencia emocional?

Ante todo, para desarrollar la inteligencia emocional hemos de llevar a cabo una toma de conciencia a través de nuevos principios y conocimientos, así como el conocimiento de las propias emociones (desarrollo de la seguridad). En segundo lugar, hemos de manejar técnicas de control y expresión emocional, así como la gestión de las propias emociones (desarrollo de la serenidad). En tercer término, hemos de desarrollar el entusiasmo y la motivación, así como motivarse a uno mismo (desarrollo de la automotivación). En cuarto apartado, he de reconocer las emociones en los demás (desarrollo del servicio). Y, por último y no por ello menos importante, hemos de comprender los sentimientos ajenos (desarrollo de la empatía), así como tener la suficiente habilidad para la influencia y la persuasión (desarrollo del liderazgo) y, asimismo, gestionar las relaciones personales y el equilibrio somático (desarrollo de la sinergía).

b. ¿Hasta qué punto puedo mejorar mi inteligencia emocional?

¿Podemos, entonces, capacitar y formar nuestra inteligencia emocional en los ámbitos expuestos sin modificar nuestros sistemas de creencias? Porque creer es dar un paso decisivo e importante en la vida. Si crees en tí mismo, por ejemplo, es un aliciente más para creer en los demás. Y podrás distribuir tu información neural entre los lóbulos frontales (pensamiento) y el sistema límbico (emociones). Podrás coordinar el pensamiento con la emoción en función de lo que pensamos y de cómo lo pensamos.

c. ¿Cuáles son los límites de la inteligencia emocional?

Todo sistema tiene sus límites: sobre todo, con la inteligencia emocional podrás conocer tus propios pensamientos que han estado ocultos a través de los siglos por la sencilla razón de no saber escucharte a ti mismo, al hallarte imbuido en el ruido ocasionado por el género humano; ya sea que la escucha de ti mismo sea ante el espejo, ante un auditorio o ante las cámaras. Da igual; lo importante es conocerte; ya lo dijo Sócrates. Necesitas organizarte emocionalmente, necesitas trabajar tu cerebro en armonía con tus emociones, necesitas, también, profundizar en todos aquellos aspectos que te hacen feliz. Porque, ¿qué razón tiene investigar sobre la muerte cuando es mejor investigar sobre la felicidad?

3. ¿Cómo puedo mejorar mi inteligencia emocional?

Hemos visto en su lugar que la “Inteligencia Emocional” se puede aprender y hemos expresado su metodología a lo largo y ancho de todo el curso. Más también se puede mejorar. De hecho, Dan Bobinsky entiende que hay diez claves para mejorar nuestra inteligencia emocional:

  • 1- Cuando se piensa en los estilos de personalidad se debe descartar las ideas “bueno” o “malo”. Las personas son simplemente diferentes.
  • 2- La gente identifica diferente con difícil, en realidad lo diferente solo es difícil porque las personas no han aprendido a trabajar de forma efectiva con las diferencias.
  • 3- Al igual que un palo tiene dos extremos, las personas tienen fortalezas y debilidades. Todas las fortalezas tienen una debilidad asociada y todas las debilidades una fortaleza asociada. Cada quien escoge cual extremo del “palo” va a recibir su atención.
  • 4- Todos los estilos de personalidad “suman” a la fortaleza de un equipo. Solo es cuestión de enfocarse, en las fortalezas en lugar de en las debilidades. Quien se enfoca en las fortalezas se hace más fuerte y quien lo hace en las debilidades se hace más débil.
  • 5- Buscar las fortalezas en los diferentes estilos no es algo que se de naturalmente, sino que debe ser logrado por un esfuerzo constante.
  • 6- No se puede ser efectivo si se espera que todo el mundo se encuentre en el propio terreno.
  • 7- No se puede asumir que se conoce lo que para otra persona significa ganar, se puede tener una idea general pero para ser efectivos realmente lo mejor es… preguntar.
  • 8- Al poner los objetivos personales por encima de los demás, de los del equipo, la misión o la visión de la organización, se crean divisiones que debilitan mucho la facultad de maximizar resultados.
  • 9-La efectividad tiene que ver con hacer lo correcto y la eficiencia con hacerlo rápidamente. Cuando se trabaja con personas la efectividad rara vez es eficiente. Los mejores resultados se obtienen generalmente cuando se toma el tiempo necesario para hacer las cosas correctamente a través de distintas relaciones.
  • 10 – Una cosa es comprender estos puntos, y otra bien distinta, es llevarlos a cabo.  El camino más largo pueden ser los casi 46 cm que hay entre la cabeza y el corazón.

¿Cómo puedo, entonces, mejorar mi inteligencia emocional? Siendo feliz. Aportando endorfinas a tu masa cerebral. Dándole a tu cerebro emociones intensas saturadas de felicidad. En esto consisten las habilidades sociales, tan preconizadas. Esas mismas hablidades que tenemos todos y algunos mantenemos obsoletas, tanto para el individuo como para la organización a la que pertenecemos.

¡Un cordialísimo saludo para todos y para todas, desde el respeto hacia el respeto!

¡Inconmensurables gracias por vuestra inestimable atención!

¡Nos vemos a finales de agosto para iniciar nuestras investigaciones sobre la “Felicidad” y la “Neurogénesis“!

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Esperando que nuestra relación fructifique para mejor colaboración,
 
RICARDO MARÍN TÄLERO
 
Consultor Internacional
Consultor de Recursos Humanos
Socio Profesional de AECOP
Coach Empresarial
Entrenador de Inteligencia Emocional
Miembro de Jurist of the World

Socio Director de JCA CONSULTORES

Abogado de Empresa
MBA in Law
Doctorando en Derecho
 
Aragón, 270, 3º 1ª
Esquina Paseo de Gracia
08007 Barcelona España
Teléfono: +34 934 552 226
Fax: +34 932 720 562
Móvil: +34 637 462 308
Skype: marin.talero
 
 
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Los niños suman“.
RICARDO MARÍN TÄLERO

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